pesadilla sin entrega(s)

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calculé que serían las 3, a grosso modo y con la batería del móbil muerta, según la hora a la q Roberto nos echaba de su bar… no a patadas, sino a fregonazos, que era lo q la cortesía y confianza de 13 años de parroquianos requería…

en todo ese tiempo, la rutina del viernes post laboral no había cambiado… quizá alguna cara temporal entre los compañeros de timba y lingotazo…

el meteoro, q pasó fugazmente por la empresa, pues su enchufe no resistió a su incompetencia, el ruso, que nos acompañó los 13 meses q su doctrina le permitía pasarse en un lugar, Alberto, cuya apropiación de dineros y esposa del jefe exigió un cambio… a mejor vida… o Mangeshkar, alias Juanete, q tuvo q regresar a sus orígenes, donde sí disponía de papeles, a montones… pero, a parte de estos ligeros cambios en los personajes, la historia siempre era la misma: salir de currar y echar la partidita entre humo y cubatas en exceso, despotricando de nuestras mujeres, de nuestros equipos de fútbol, del mierda del encargado (q siempre se las ingeniaba para q nos encargásemos nosotros de sus cagadas) o alabando a la mozuela curvilínia y bidimensional de turno, el jugadón rematado en gol del fichaje estrella o el culazo de la nueva secre (srta. asistenta de dirección, para los curritos de a pie)… sí, la mayoría de las conversaciones se iban directamente al tema único… con presteza proporcional al ritmo q sorbíamos los copazos de Roberto…

aunque la partidita era algo ya tan sobao y rutinario como el propio empleo, solo una baja por enfermedad, real, justificaba fallar a los colegas de laburro… y aunque nuestras modestas apuestas tendían siempre al equilibrio monetario, amedrentarse con una mala mano era motivo de burla y colleja…

en cualquier caso, esa noche había tenido buena racha, un saldo positivo en el bolsillo me permitía, no sólo despedirme del grupito con el bacile correspondiente (y necesario) si no tb volver a casa con todos los honores: en taxi… un lujo, el metro tampoco me dejaba muy lejos del piso, pero la idea de un asiento confortable donde acurrucarme esos 20 minutos y el dinero caliente en la cartera, exigían a gritos el desembolso… así q me quedé en el semáforo, pendiente de la lucecita verde de mi chófer aproximándose…

… tardé lo justo entre indicar la dirección a mi transportista y adormilarme en el asiento de terciopelo, ni le dí tiempo al conductor a iniciar su verborrea, q ya estaba yo recordando las nalgas rimbombantes de Ruth, la pecosa del departamento de… bueno, no se de q… pero vaya pandero… bamboleándose ante mi pensamiento, y con Morfeo transportándome a oníricos mundos, la vi subirse al taxi y sentarse justo a mi lado, con una sonrisa q nunca me dedicaría en realidad. Una mirada indiscreta se regocijaba en el retrovisor y, para mi sorpresa, ya no se trataba del narizotas taxista, si no de una rubiasca fenomenal q me observaba con cara de “te voy a joder”… sí, pero no del buen joder, más bien del malo… aunque no le dí mucha importancia… bueno, almenos no en un primer momento, pero al segundo la pecosa, ahora desdentada, con cara de yonqui y pelillos en el pecho q una camisa harapienta no intentaba ocultar, consiguió q me cagara en Morfeo, en todos los dioses mitológicos y en el puto garrafón de Roberto.

el facineroso individuo, viéndome dubitativo ante la escena, tuvo la amabilidad de despertarme de mi asombro con su chirla en una mano y su ademán de “vete soltando la cartera” en la otra… mientras la palomita conductora, q ya no me parecía tan seductora, había parado el coche y me miraba con cara de “q parte del negocio no entiendes, capullo?”… sí, la verdad es q no necesitaban hablar mucho, su destreza linguística era digna de un miembro de la real academia… incluso percibí un por favor, aunque quizá era un ruego mío mientras le soltaba la billetera. Cuando el hombre de pelo en pecho se disponía a salir del taxi, con la satisfacción del trabajo bien hecho, la q debía ser su alma gemela le recordo la maravilla de la técnica…

– el móbil – dijo el caballero, con sutil amargura ante el fallo suyo y la corrección de su buena señora.

– la batería está muerta – dije yo, algo inseguro de si el siguiente sería yo mismo

– tu eres un listo, no?!?

… y me he despertado, con la boca pastosa y sin ver un pijo por el sol ya bien puesto allí arriba. En un primer momento he pensado q ya estaba en casa, incluso me he preguntado si el taxista, el real, me habría abierto la puerta y/o me habría vaciado la cartera… pero no he tardado mucho en distinguir mis manos, ensangrentadas sobre mi estomago abierto… ni en darme cuenta q mi sueño, mi pesadilla, no había sido tal…

Una resposta to “pesadilla sin entrega(s)”

  1. maivista Says:

    estem bé?

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